¿MI VIDA ANTES DE KHEPRA?: CAOS

¿MI VIDA ANTES DE KHEPRA?: CAOS

Khepra tiene muy buena relación con sus pacientes y es común que el contacto siga años después del alta médica.

A través de diversos testimonios, queremos dar a conocer a las personas que son ajenas al centro que nuestra labor no acaba cuando el paciente termina su tratamiento. Formar parte de sus vidas y recibir su agradecimiento es la recompensa a la difícil tarea que tenemos desde hace 10 años.

En el siguiente artículo tenemos el testimonio anónimo de un expaciente que comparte con nosotros su experiencia en el centro. Una de sus motivaciones en participar es poder ayudar a personas que estén pasando por procesos similares.

 “En aquel entonces era estudiante de segundo de bachillerato y me preparaba para hacer la carrera de medicina (en concreto quería especializarme en psiquiatría). Para ello me apunté a dos vías de bachiller (ciencias de la salud y tecnología) y me dedicaba en exclusividad a ello a costa de dejar de lado otras cosas, como mi vida social, hobbies e incluso salud (dormía una media de 4-5horas, dejé de practicar deporte…).” Nos cuenta un poco su vida antes de ingresar al centro.

“Entonces tenía la impresión de que mi vida personal se hubiese detenido, un “pause” analógico que aparentemente yo había activado, pero la realidad era muy distinta; no me encontraba en un paréntesis, sino en una caída libre al vacío y sin paracaídas.”. “En esta época la sintomatología del TCA que sufrí se acentuó de forma alarmante y a nivel emocional era una constante montaña rusa.

“Mis relaciones personales se resintieron profundamente en este periodo y logré que muchas personas que me apreciaban se alejasen. En concreto recuerdo como a veces mi hermana pequeña quería jugar conmigo y yo la apartaba con enfado porque me resultaba molesta.” La enfermedad que tenía le estaba afectando a él y a las personas que más le querían. “Mucha gente me decía que tenían “miedo” de acercarse, precisamente por mis reacciones tajantes, irascibles.

También nos habla sobre el bullying que sufrió: “Me resulta curioso que algunas personas tuviesen miedo a acercarse a mi o sintiesen algún reparo, pues en aquel momento yo vivía mi vida de estudiante también con miedo por el acoso que en aquel entonces sufría por parte de determinados compañeros por ser homosexual.” No sentía ni estabilidad, ni apoyo familiar. “La falta de apoyo que sentí fue absoluta. En casa tampoco disponía de ese apoyo emocional y social que necesitaba, pues la relación con mis padres (y en concreto con mi padre) era peor que mala.

Gracias a que pidió ayuda a la psicóloga de su escuela, logró llegar a Khepra. El papel de los profesores es crucial en muchos de los pacientes que llegan a Khepra, gracias a su implicación y preocupación por su alumnado se inician muchos procesos terapéuticos. “Como anécdota de este periodo destacaría que a penas tengo fotos de mi adolescencia. El rechazo que sentía hacia mi mismo era tal que me resultaba doloroso verme en una foto o mirarme en un espejo y ahora dispongo de pocos momentos que habría valido la pena inmortalizar en una fotografía.”

Se acuerda de los momentos que más lo marcaron durante su tratamiento en el centro Khepra: “Recuerdo dos momentos en mi tratamiento, uno, el tratamiento del trastorno, la parte más conductual, por decirlo de alguna manera, y otra, la más difícil y dolorosa, todo el proceso de crecimiento personal, un proceso que me ha llevado a donde estoy a día de hoy y que me sigue acompañando en un proceso de crecimiento constante. Y por último, sobretodo, me ha ayudado a perdonarme a mi mismo y aceptarme tal cual soy.”

A través de este testimonio queremos dar a conocer que las enfermedades de Trastornos de la Conducta Alimentaria, depresión, ansiedad van más allá de lo sintomático, lo importante no es querer estar delgado, si no qué enmascara toda esta obsesión. Nuestra tarea no es sólo lograr que nuestros pacientes culminen su tratamiento, sino que en sus próximos años de vida, no vuelvan a tener una recaída.

“Lo que si recuerdo es la desesperanza, la soledad y el sentimiento de culpa y, en los peores momentos, sentir que todo está perdido. Pero no es real. Se puede cambiar, todos tenemos los recursos personales para superar este tipo de dificultades y, aunque el proceso es largo y duro, vale la pena. Y sobretodo, que uno no está nunca tan solo como puede llegar a sentirse.”

 (Anónimo, 27 años)

Tags:
,

No Comments

Post a Comment