Tú puedes, y nosotros queremos acompañarte

Tener un problema psicológico no es algo de lo que nos debamos avergonzar; al fin y al cabo, somos humanos. En cambio, tener el valor de pedir ayuda sí que nos debe enorgullecer.

Todos tenemos derecho a estar bien, y Khepra quiere acompañarte en el proceso para que tú lo consigas

Somos un centro pequeño en el que nos esforzamos mucho para que te sientas a gusto y recibas un trato hecho a medida para ti. Nuestro equipo está formado por psicólogos, psiquiatras y nutricionistas, y trabajamos cada caso con esmero, aunando esfuerzos.

Es verdad que realizar un tratamiento psicológico puede tener etapas un poco difíciles, pero nada comparado con sufrir una patología o con ver como un ser querido la padece. La buena noticia es que existen tratamientos, y Khepra te va a ayudar a superar esta etapa y a dejarla en el pasado.

10 años de experiencia tratando y ayudando a superar los trastornos de conducta (TC) y los trastornos de la conducta alimentaria (TCA)

Es muy duro

vivir siempre en paralelo contando calorías o secuestrado/a por la culpa de haber comido, de no haber sido suficiente o por la rabia y la tristeza que caracterizan los trastornos de conducta.

Es como si los otros viviesen sus vidas y, en cambio, a algunos los días los torturaran. Duele mirar al pasado y sentir que no tuviste una infancia normal y que los años de adolescencia y juventud tampoco lo están siendo.

También para las familias es desolador probar una estrategia y otra y no conseguir que las cosas funcionen. Desgasta y genera mucha tristeza y frustración. Parece que, por más empeño que pongamos, no conseguimos enmendar la situación, y el deterioro continúa.

Recordemos que nadie nace enseñado.

 ¿Probarías a curarte un cáncer tú solo sin intervención médica? Pues lo mismo pasa con los problemas de índole psicológico. A veces nos cargamos con el peso de tener que superarlos por nosotros mismos y con el peso de la culpa. Eso es demasiado. Es imposible recorrer un camino si no sabemos la dirección ni tenemos los medios. Déjate ayudar.

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Contactamos

vía:

En máximo 48h un psicólogo te llamará.

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Primera cita GRATUITA con el terapeuta

  • Cita con el psiquiatra
  • Cita con la endocrinóloga

Los profesionales se reúnen y establecen una primera hoja de ruta 

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Cita con el paciente/familia y el psicólogo de referencia.

Devolución de lo que los diferentes profesionales han visto.

Se explica la primera hoja de ruta y junto a la familia/el paciente, se establece el plan terapéutico

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Ingreso en el centro de día

Se establecen las terapias familiares, individuales, psiquiátricas y endocrinológicas que sean necesarias.

Los días de asistencia al centro de día y las visitas con los diferentes profesionales se irán modificando según necesidad

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Alta terapéutica

Nos despedimos, repasamos y celebramos todos los logros.

Quiénes somos

Recepción centro khepra tca terapia psicologica
Exterior centro khepra psicoterapia-tca

Khepra está formado por una asistenta, dos secretarias, cuatro psicólogos, dos psiquiatras y una nutricionista, y todos trabajamos para que cada adolescente/joven y familia consigan el cambio que han venido buscando.

Los profesionales de la salud nos reunimos semanalmente para repasar los casos, implementar cambios en las dinámicas grupales, adecuar menús, ajustar medicaciones, direccionar el trabajo con las familias y atender cualquier necesidad que pueda surgir.

Es muy duro lo que habéis vivido o estáis viviendo, lo sabemos y lo sentimos. A veces el tratamiento es difícil, se zarandean nuestras creencias y nuestra manera de funcionar y relacionarnos. No obstante, a veces el proceso es muy grato: conseguimos amor y apoyo grupal, tomar concienciareconectar con nosotros mismo, reencontrarnos con la familia o liberarnos de viejos grilletes.

Sabemos que puede ser complicado compartir la intimidad de uno con un desconocido, pero Khepra lleva 10 años acompañando a personas y familiares afectados por la patología alimentaria y los trastornos de conducta, y sabemos lo que hacemos.

Lo primero que hay que subrayar es que son trastornos que se superan y que hay que dar una buena patada al mito de la cronicidad. Además, nosotros no somos un macrocentro, y esto nos da muchas ventajas: por ejemplo, no abusamos de las normas ni hacemos pasar a todo el mundo por el mismo sedal, sino que podemos hacer tratamientos a medida adaptándonos a cada persona y familia.

¿Sabías que si tienes entre 14 y 28 años y necesitas terapia psicológica, el seguro escolar te puede ayudar?

¿Hay algo que te preocupa y no tienes claro cómo resolverlo?

Elige cuál es el cuestionario que mejor representa. Te mostraremos una valoración aproximada de lo que puede estar ocurriendo, según los ítems que hayas contestado en positivo.

Estar en un sitio donde la gente se siente como tú y puedes identificar lo que ocurre dentro de ti.

Gracias a todos vosotros

A lo largo de nuestro recorrido, son muchos los pacientes que han dejado su testimonio con el objetivo de ayudar a quienes vienen detrás. Estamos muy agradecidos con ellos, ya que creemos que nada llega tanto como que te expliquen las cosas en primera persona.

“Tengo 20 años. Hace dos años llegué a este centro, para mí fue muy difícil pedir ayuda, siempre había fingido que todo iba bien. Me tragaba las cosas que me molestaban o que me hacían daño, evitaba problemas, pero llegó un momento en que no pude más. Había dos personas dentro de mí: una de cara al exterior que fingía estar contenta y feliz y la otra de cara al interior; esta solo aparecía en casa, no era nada feliz y estaba constantemente triste y enfadada. Esto comportó que en casa hubiese muy mal ambiente, mis padres, preocupados, me estaban muy encima y yo pagaba mis problemas con ellos. Llegué a sentir que, si yo no estuviese, todo sería mejor. Me encerraba en mi habitación, ni comía ni cenaba. Acabé encerrada en una habitación muy oscura y muy sola hasta que ya no pude más.

Acudir al centro me ayudó mucho. Al principio me encerraba mucho en mí misma y estaba impaciente por estar bien. Tuve mucha ansiedad de no entender cómo había llegado al punto de deprimirme tanto. Solo quería estar sola y dormir. Pasé muchas horas en la habitación llorando y triste. Quería cambiar, pero no sabía cómo.

En Khepra me ayudaron a organizar mis emociones. Entendí que en la vida vamos acumulando experiencias y estas nos van marcando y configurando nuestra personalidad. Con ayuda y poniendo en perspectiva los años vi que había muchas conductas y maneras de hacer en mi vida que me habían traído donde me encontraba y que si quería estar bien tendría que cambiar muchas cosas, maneras de pensar, de hacer y de relacionarme.

No es un camino fácil, vi que me estaba guardando muchas cosas y que me escondía detrás de un muro gigante, porque hacer frente a los problemas, a las relaciones y a todo en general me daba mucho miedo. Tenía miedo de que me volviesen a hacer daño, a decepcionar, a no gustar…

Me daba seguridad el muro, pensaba que nadie me podría hacer daño allí. Pero en realidad la única persona que se estaba haciendo daño era yo misma, porque de esta manera solo conseguía quedarme sola y que la gente se alejase de mí, y no me gustaba nada estar sola.

Tenía que hacer frente a mis miedos y a salir de la zona de confort, y no fue agradable porque tuve que afrontar muchas emociones: miedo, ansiedad, incerteza, incomodidad, inseguridad… Pero poco a poco fui saliendo del agujero negro, me fui abriendo, atravesando el muro y dejando que la gente entrase.

A pesar de que las cosas no salían a la primera, como mínimo me iba validando a mí misma, iba diciendo lo que yo quería, lo que yo pensaba, lo que yo sentía. Quedarme detrás del muro sin dejar pasar a nadie, sin arriesgarme, no me había aportado nada, solo veía pasar la vida y yo quería vivirla. Me hicieron ver que tenía que hacer frente a los miedos, a los problemas, a las personas, tenía que hacerme fuerte, aprender a valorarme, a descubrir lo que me gustaba, qué era lo que yo quería.

Y así he ido redescubriendo la persona que estaba escondida, que siempre había estado allí pero que tenía miedo de las cosas, y he visto que es bueno tener valor, porque es verdad que exponiéndome me podrían herir, pero esto me ayuda a ser más fuerte y a base de arriesgarme y de pasar por los miedos he acabado obteniendo muchas cosas buenas y positivas; he aprendido a valorarme, a no tener miedo a expresar lo que pienso, a creer en mí misma, he cambiado amistades, he conocido gente nueva, me he dejado conocer, he encontrado motivaciones, cosas que me hacen sentir bien, ya no me siento vacía, tengo ganas de hacer cosas… Continúo teniendo miedos, pero ahora estoy más segura de mí misma y sé que los puedo afrontar, ya no quiero pasar la vida a hurtadillas, quiero pisar fuerte y vivir”.

Durante mucho tiempo he evitado escribir mi testimonio, porque me supone recordar la peor etapa de mi vida. No sé por dónde empezar, porque realmente me cuesta ver en qué momento empecé con la anorexia. Es una palabra que odio y que me duele. No recuerdo ningún momento en el pasado de mirarme al espejo y gustarme, ni físicamente ni de carácter. Pero recuerdo perfectamente el día que empecé a hacer dieta. Cada día pensando en la comida, obsesionándome con las calorías y pesándome constantemente. No era consciente de las cosas que me preocupaban y lo más fácil fue ocuparme de mi físico.

El lema era que si me adelgazaba sería feliz y todos los problemas se solucionarían. Pero no. Cuando perdí los kilos que me sobraban me sentí feliz durante un momento, pero no duró. Quería adelgazarme más. Me daba miedo comer cualquier cosa, cada vez más restricción, cada vez más deporte.

Un día tomé conciencia de que lloraba cada día y no entendía por qué. Quizás ¿me sentía sola? No lo sé, porque no conectaba conmigo.

Supongo que todo lo que retenía durante el día lo explotaba llorando por las noches. Esto no fue suficiente y empecé a autolesionarme. No recuerdo la primera autolesión y el motivo concreto, pero me sirvió para castigarme y para desahogarme. Descubrí la manera de expresar todo el odio que sentía hacia mí y funcionó, me hizo sentir mejor. El peor verano de mi vida. La relación con la familia se había deteriorado, intentaba estar siempre fuera de casa, pero muy mal, angustiada, me daba miedo lo que la gente pudiese pensar de mí, me recuerdo como un maniquí siempre intentando quedar bien y no cagarla. Comencé a repeler la vida social, ya no me interesaba, lo sentimental menos, no quería saber nada de los chicos. Nunca había tenido tan pocas ganas de vivir. Me escondí en mi cueva, donde nadie me podía hacer daño porque nadie podía entrar, no me veía capaz de salir. Tenía dos opciones: o seguir así o pedir ayuda. Así que decidí pedir ayuda y entré en Khepra. Aún recuerdo mi incredulidad cuando me dijeron que ya podía entrar al centro de día. No me lo podía creer. La verdad es que los primeros meses los recuerdo muy borrosos, solo recuerdo malestar, no hacer caso de nada de lo que me decían. 

Los primeros meses fueron para abajo, perdí más kilos y me acostumbré a vivir mareada. Pero el hecho de estar en un grupo donde todas las chicas (en ese momento solo había chicas) tenían el mismo problema y estaban decididas a salir de la mierda donde nos habíamos metido hizo que en mi mente apareciese una nueva voz (aparte de la obsesiva) que discutía con la otra voz. Quería curarme. Me decía que hiciese caso, que me querían ayudar, que siguiese el tratamiento. Esta guerra de voces fue horrible, no sabía qué escoger, la peor etapa de todo el proceso. Esta guerra conmigo misma me mataba. Siempre había escuchado las terapias, escuchaba sus consejos y hacía los compromisos, menos escribir, odiaba escribir. Pero empecé a ponerme en serio con la comida. En casa me ayudaron muchísimo, he tenido mucha suerte en este aspecto, no sé qué habría hecho sin el apoyo de mis padres. Hubo una temporada que mi madre tenía que dormir conmigo, si no, no podía dormir. Total, que en casa bien si las cosas iban como yo quería. Pero lo que se me trabó fue el bocata de media mañana, entendí que era porque en el cole me sentía muy mal. Era una aglomeración de gente a la cual no soportaba y encima estaba la presión de los estudios. Pero tenía las compañeras a mi lado y esto me ayudó muchísimo. Todo esto transcurrió durante primero de Bachillerato. Me encerré muchísimo en los estudios, lo utilicé como otro síntoma, si estudio no pienso, y estudiaba mucho.

Yo no hice ningún clic, estoy esperando el famoso clic porque aún no sé qué es. Lo que sé es, que con muchos meses de currármelo mucho, de pasar 6 horas en el centro, la cual cosa odiaba en ese momento, haciendo cosas que no quería hacer, participando en terapias, sacando provecho del grupo, abriéndome y conectando conmigo misma, las cosas fueron mejor. Quiero remarcar la importancia que tiene el grupo, porque es brutal. Creo que sin el grupo no estaría hoy donde estoy y no sería la persona que soy. Gracias al grupo, mi vida ha dado este giro.

Por el centro han pasado muchas personas, personas con las que quizás no he intercambiado palabras, personas que me han ayudado y a quienes espero haber ayudado y personas que me han marcado mucho. Siempre he dicho esto y no cambiará jamás: todos los miembros del grupo me han ayudado, todos me han ayudado, pero en especial la L., estoy muy agradecida. Porque hay veces que piensas que el grupo está en contra tuya, que no te entienden o que no te aceptan, pero lo que puede pasar es que quizás te estén intentando ayudar.

Bueno, volviendo a mi proceso sin haber hecho ningún clic, pero habiendo vuelto a comer con normalidad, con sentimiento de culpa que poco a poco se iba apagando, fue como si volviese a vivir. Recuerdo la sensación de no estar mareada, de querer retomar la relación con mis amigos, de reír con ganas, ¡¡¡de fijarme en un chico!!! Recuerdo perfectamente cuándo volví a fijarme en un chico, de verlo y tener esa sensación cuando ves al chico que te gusta y volver a sentirme viva, con ganas de vivir. Ya no lloraba por las noches ni necesitaba dormir con mi madre. Es cierto que no fue todo de color de rosa y aún no lo es y nunca lo será del todo, porque la vida es guay, pero también hay piedras. Las cosas iban mucho mejor, pero en terapia también salió mucha mierda nueva. Ahora estaba más preparada para hablar de ella y tenía que empezar a conectarlo todo. No sé cuál es la definición de ‘recaída’, pero yo he tenido, si la entendemos como volver a los hábitos que estabas intentando dejar, porque es difícil, es como una adicción. Desde mi experiencia os pido que os machaquéis, porque es lo más normal del mundo, lo que no sería normal es estar estupenda de un día para el otro. Ah, otra cosa, no vais a salir estupendos de aquí, si por ‘estupendo’ entendemos ‘estar perfecto’. Así que quise volver a comer ciertas cosas, hacer ejercicio que me habían prohibido, a huir de los problemas, la salida que siempre había escogido. Pero esta vez tenía con quién apoyarme, tenía muchas manos a las que cogerme y, sobre todo, y más importante, me tenía a mí, todo lo que había aprendido, y es ahora mientras escribo este testimonio cuando me estoy dando cuenta de todo lo que he superado y estoy flipando, no entiendo cómo he podido llegar a infravalorarme tanto, a restar importancia y sentirme menos que nadie. No soy menos que nadie y nadie es menos que ello. Y, así, con todo en la vida.

Las autolesiones duraron más, disminuyeron mucho, ya no era diario ni mucho menos, pero cuando me sentía sola o inferior recorría a ellas, es que son los sentimientos los que tengo cruzados y no me molan nada y son lo peor que gestionaba. Pero otra vez sin ningún clic entendí que no me hacía bien lesionarme. Sí que es verdad que aún hoy cuando me siento muy sola o me siento mal conmigo misma, se me pasa por la cabeza, pero soy capaz de parar y pensar, solo pararme y pensar ya es un paso muy heavy cuando hablamos de autolesiones. He aprendido a controlarme y a relajarme y saber que en frío puedo pensar las cosas mejor.

Después de 2 años y 8 meses que hace que entré en el centro, he aprendido muchísimas cosas que si tuviera que explicar no acabaría. Me quedo con todos los buenos momentos, pero también con los malos, que son los que más ayudan a crecer. Siempre que entraba alguien en el centro le decíamos que tenía que aprender a confiar en el centro, en los compañeros y en los terapeutas, y eso es lo que a mí me ha salvado. Desde que entré, le di toda mi confianza a la terapeuta. Y, con el tiempo, empecé a recuperar la confianza conmigo misma; de entrada, es la mejor decisión que he tomado en mi vida. Ahora la vida continúa, cuando estás dentro parece imposible, pero hay vida después. Una vida que es la misma que llevaba antes de entrar, pero que ahora vivo desde una perspectiva muy diferente. Siempre decía que me veía muy pequeña para el mundo tan grande que hay ahí fuera, pero ahora entiendo que soy yo la que se hace pequeña enfrente de algunas situaciones, y está en mí el hacerme grande. Ahora me miro al espejo y estoy orgullosa de quien soy, a pesar de lo que piensen los demás”.

“Es muy fácil pensar que tú sola puedes con todo, que no necesitas ayuda de nadie, pero estos pensamientos no llevan a ningún lugar que no sea un mundo de exigencia que te hace sentir pequeña y que te va dejando más sola de lo que querías estar en un principio. Cargar las cosas una sola, no decir lo que pienso, negarme mis propias emociones para no sufrir me llevó al camino de la anorexia.

Me emancipé de casa, como me había propuesto, a los 21 años. Yo todo lo tenía que hacer cuando tocaba, a pesar de no ser el momento adecuado. Me volví extremadamente rígida. Hacía meses que convivía con un síntoma alimentario que ocupaba gran parte de mis pensamientos, pero eso me daba una falsa seguridad y una fuerza que no sabía encontrar en ningún otro lugar. Fue entonces viviendo sola cuando me hundía. El síntoma alimentario iba en aumento y acabó apoderándose de toda mi vida, en todos los niveles. Hasta entonces iba a un psicólogo a hacer terapia individual cada dos semanas, pero él, como es lógico, me dejaba hacer lo que quisiese en casa, no podía controlar lo que hacía cuando estaba sola y acabé en una rueda de la que no sabía salir. Si no era en la comida, también me refugiaba en la fiesta y el alcohol. Finalmente, este psicólogo me derivó a Khepra, donde empecé en hospital de día. Fue muy duro el proceso, me costó aceptar que me tenía que dejar ayudar, pero había una parte de mí que no quería estar sola en casa porque me hundía. Algunos fines de semana llegué a desear que el centro estuviese abierto. Me desesperaba, buscaba respuestas en contar calorías o me refugiaba en el gimnasio. Dejé de salir y de beber y sentía mi cuerpo tan cansado que dejé de ver amigos. Al empezar el tratamiento tenía mucho miedo de hurgar dentro de mí, de pensar, de sentir, de dejarme llevar. Pero me sentí muy acogida y comprendida por las compañeras, era lo que necesitaba. Estar en un sitio donde la gente se sentía como yo, identificar lo que pasaba dentro de mí. En mi cabeza solo existía la comida y el deporte. Hacía tanto tiempo que para no sufrir ni pensaba ni sentía que me había vuelto una persona fría y distante. Poco a poco fui identificando mis sentimientos y emociones y así empecé a conocerme y a relacionar mi síntoma alimentario con mis emociones. A medida de ir sintiendo, expresando mis sentimientos, haciendo las ingestas necesarias y dejando de hacer deporte, me fui liberando de los pensamientos obsesivos que me ataban a la comida de día y de noche. Mi carácter cambió y la relación con mi entorno también. Me fui liberando de falsas creencias relacionados con la comida, de relaciones que no me hacían ningún bien, poco a poco fui dejando todas aquellas obligaciones y exigencias que no me dejaban ser yo misma. También empecé a hacer cosas por mí misma que nunca me las hubiese permitido. Es una lucha constante contra el miedo y en favor de ser más libre y de vivir tanto las cosas lindas como las malas. También fue un proceso de aceptación y de perdón conmigo misma, me di cuenta de que durante muchos años había estado dura conmigo, muy exigente y poco respetuosa. 

Seguramente si no hubiese caído tan bajo, ahora no me sentiría tan llena. Es un proceso duro, largo y difícil, pero yo lo compartí con mi familia, con mi pareja, con mis amigos y con los compañeros de Khepra, y compartir es mucho más fácil y agradable de llevar. La patología alimentaria me dio la opción de aprender, de pedir ayuda, de encontrarme a mí misma, de vivir las emociones y los sentimientos como los vivo ahora y, al fin y al cabo, de estar a gusto conmigo misma y con las personas que me rodean”.

Nuestro servicio estrella: el centro de día

Khepra es un centro de día, y lo es por dos motivos: primero, porque es el formato que garantiza mejor pronóstico en los tratamientos de la conducta alimentaria y los trastornos de conducta, y segundo, porque el tratamiento en grupo para adolescentes y jóvenes tiene unas cualidades que ningún otro formato puede ofrecer.

La importancia del grupo

A estas edades el grupo de iguales adquiere mucha relevancia, a menudo se convierten en referentes. Estar acompañado de personas de tu edad que están pasando por lo mismo que tú ayuda mucho.

El formato en grupo permite trabajar la manera de posicionarnos en las relaciones sociales de una forma directa y vivencial. El grupo constituye una red de apoyo que se organiza más allá del horario del centro. Los padres pueden escuchar a otros padres que han pasado por lo mismo, compartir lo que a ellos les ha sido útil y lo que no.

Y todo esto se da de la mano de unos profesionales de la salud que llevan 10 años trabajando y acompañando a personas que han sufrido como tú.

Seguro escolar

Somos un centro autorizado por el Seguro Escolar. ¿Qué significa esto? Pues que, para todos aquellos estudiantes residentes en España, el tratamiento está subvencionado.

Los tratamientos de estas patologías son muy costosos, y Khepra no quiere dejar a nadie atrás, por eso hacemos un gran esfuerzo para que el centro de día (el grueso del tratamiento) quedé 100 % subvencionado por el Seguro Escolar

Khepra es un centro autorizado por el Seguro Escolar. En Khepra nos esforzamos mucho para poder llegar a todas las familias y que nadie se quede sin tratamiento por motivos económicos

Para poder gozar de la subvención estatal del Seguro Escolar se han de cumplir con los siguientes requisitos marcados por el Instituto Nacional de la Seguridad Social:

En Khepra hemos conseguido estirar la subvención del Seguro Escolar para poder cubrir todas las actividades del centro de día. Esto significa que la estancia de 6 horas en nuestro centro que incluye una terapia grupal de dos horas, un taller grupal de 2 horas y las ingestas alimentarias no tengan coste para las familias.

Las visitas familiares e individuales con nuestros profesionales sí que tendrán un copago.

Queremos recordaros que el tratamiento más adecuado y eficiente para los trastornos alimentarios y de conducta se vertebra en el centro de día y en el trabajo dentro del grupo terapéutico. El hospital de día puede ser suficiente para la curación y superación de estos trastornos y es el que Khepra consigue que quede cubierto por la subvención.

¿En qué consiste un centro de día?

terapia de grupo centro de dia psicoterapia

Asistir al hospital de día significa asistir 6 horas diarias al centro. Esto es un parámetro regulado por la subvención: para acceder a esta, hay que hacer esta jornada. Cuántos días a la semana acudirá la persona al centro va a depender del criterio de los profesionales junto con el criterio de las familias.

Nos mojamos: se trata de patologías graves. Para nosotros es mejor acudir cuantos más días mejor y solucionar el problema de raíz, para poder despedirnos cuanto antes y que sigáis haciendo vuestra vida, libres de estas enfermedades.

Durante la jornada en el centro se realizan: 

Tarifas

Con el objetivo de ser transparentes y de que tengáis toda la información posible, os explicamos el sistema de copago que Khepra efectúa en los siguientes servicios:

1ª visita psiquiátrica

25
  •  

Terapia individual, de pareja o familiar

35
  •  

Visita psiquiátrica

35
  •  

Visita nutricionista

35
  •  

Reunión de padres

15
  •  

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