Entrevista a una
de las integrantes
del grupo Ossiris

Entrevista a una
de las integrantes
del grupo Ossiris

Nadie me diría hace dos años que estaría viviendo mi vida como lo estoy haciendo últimamente… De manera autónoma, con seguridad en mí misma y queriendo a la persona que veo cada dia en el espejo.

Llegue a Khepra casi por “casualidad”, sin buscarlo y con total desconocimiento de que existía un trastorno de alimentación que coincidía plenamente con la relación habitual que tenía con la comida. Me aconsejó el nombre del centro mi entonces dietista del hospital, ya que tenía que perder peso como fuera o acabaría teniendo Diabetes, y en el momento que hice mi primera visita con Neus vi la luz. Salí con un batiburrillo de emociones entre tristeza, alivio, desconcierto e intriga. Por primera vez le pude dar una explicación a aquello que me pasaba con la comida que sentía de manera tan fuerte e incontrolable. Pude dejar de machacarme por no tener fuerza de voluntad para hacer dietas y me sentí comprendida.

Llegué siendo una persona profundamente deprimida y reprimida, que vivía aparentemente feliz en mi burbuja de placer momentáneo u obligaciones y haciendo siempre lo que quería. Desconectada de mí y del exterior. Con un profundo vacío que intentaba llenar constantemente de relaciones dependientes. No sabía qué sentía, ni tan siquiera quién era.

El proceso de la terapia dentro de las terapias grupales ha sido lo más enriquecedor, duro y a la vez bonito que he podido hacer nunca. Ha sido un espacio donde sentirme entendida, apoyada. Donde he podido aprender quién era y cómo me sentía, a relacionarme de una manera diferente con la gente, a dejarme ver tal y como era, a dejarme ayudar, a ofrecer mi ayuda, y en general un espacio de crecimiento constante.

La verdad es que durante mi primer año en el centro, mi vida giraba en torno a él y a la terapia. Mi rutina era ir al centro, cumplir mis compromisos, las pautas alimentarias, etc. Y me sirvió mucho para darle algo de orden a mi día a día, ya que en aquel momento no tenía rutina alguna y mis días pasaban entre la cama y el sofá. ¡Iba hasta con ganas al centro! ( quién lo diría ahora, ¿eh?) Pero es que era mi vía de escape, mi refugio… el sitio donde podía soltar toda la mierda que acumulaba, pero donde a la vez podía pasar buenos ratos, divertirme con las chicas y tener un espacio propio.

El proceso

Me costó bastantes meses tomar plena consciencia del tratamiento y de lo que quería hacer con mi vida. Iba religiosamente al centro, pero no quería acabar de profundizar… el tema de la comida iba bastante bien, podía seguir mis pautas, estaba bajando de peso, etc. Pero no acababa de hacer ese famoso ‘click’. Estuve meses reflexionando en el centro casi a diario, ¡y hasta me hicieron ir con una cuerda en las piernas! (lo que no se inventen aquí…), y aun así me hizo falta ver una dosis de realidad de lo que sería mi vida en cinco años si no me ponía las pilas y empezaba a cambiar la forma de actuar, y lo vi clarísimo en un ejemplo de una compañera del grupo terapéutico. El ver que el no acabar de ser constante en el trabajo y abandonar a la mínima dificultad le llevó hasta aquel momento, me hizo decirme que yo no quería eso para mí, y que si había que joderse, frustrarse, luchar y esforzarme para conseguir ser feliz, era lo que tocaba pasar.

Parece fácil decirlo ahora, pero para mí fue algo estratosférico… acostumbrada a SIEMPRE salirme con la mía, el hecho de frustrarme creo que ha sido de las cosas más difíciles que he tenido que hacer nunca. Hasta que llegue a Khepra no me di cuenta de cómo he ido intentando y consiguiendo salirme con la mía desde bien pequeña, y cómo en efecto eso no me había ayudado en nada a crecer personalmente. Yo quería que la vida fuera rosita y con arcoíris, donde aplicando la ley del mínimo esfuerzo consiguiera todas aquellas metas ultra ambiciosas sin apenas moverme del sofá. ERROR. Aquello solo hacía que me sintiera cada día más inútil, débil, invalida y apagada. Un bicho raro, ¿por qué yo no puedo conseguir lo que hace el resto de la gente? ¿Por qué a mí? Pues porque no pencaba lo que había que pencar y me sentaba a que me cayera del cielo. Y si algo se me ha grabado a fuego estando aquí, es que el que algo quiere algo le cuesta, y del cielo solo cae la lluvia…

A veces lo pienso y joder, ojalá todas estas lecciones las hubiera podido aprender mucho antes, ojalá no me hubiera hecho falta llegar hasta aquí para entenderlas, pero por otro lado, yo no sería la que soy ahora sin todo esto. Todos tenemos una historia, y la mía no sería la misma sin estas vivencias, y la persona que soy ahora, sí que no la cambiaría.

Con la ayuda del centro y del grupo he aprendido a luchar por mí y a darle voz a mis emociones. A hacerme valer y quererme. He conseguido cosas que me parecían impensables hace unos años. He podido y puedo mantener una relación sana con la comida, he aprendido a cuidarme y a tener en cuenta mis necesidades, a escucharme y también a decirme que no, algo impensable para mí. Con las chicas he aprendido una manera diferente de relacionarme. Me he dejado ver con todas mis debilidades y fortalezas. Con mis tonterías y mis enfados, y he visto cómo es posible tener relaciones cercanas sin pensar y actuar constantemente como quiere la otra persona que seas, acabando siendo una marioneta del resto.

El grupo siempre tendrá un lugar especial en mi corazón y les agradezco a todas y cada una todo lo que me han podido ayudar en este duro pero gratificante proceso, y a la vez quiero mandarles todo mi apoyo, porque con constancia se consigue, es posible vivir de otra forma =)
A nivel personal creo que he cambiado en casi todos los aspectos… En casa he aprendido a separarme de las responsabilidades que no me toca asumir, a no llevarme todo el peso de la casa a los hombros, y ser más hija y menos madre. A nivel profesional he aprendido a esforzarme y dedicar tiempo a conseguir aquellas metas que me proponga. A confiar en mis capacidades y no rendirme. A dejarme llevar por mis gustos y confiar en mi voz interior, sin darle tanto eco a la opinión externa. A nivel relacional, a mostrarme tal y como soy. Intentando decir lo que pienso de manera asertiva, teniendo en cuenta al otro pero también a mí. A cuidar las amistades. En el aspecto más sentimental, he aprendido a ser autónoma. A no necesitar una persona que tire de mí para intentar sentirme llena. Ha mantener una relación basada en la comprensión y complementación y no tanto en la dependencia, y teniendo en cuenta mi actual relación de pareja diría que he aprender a querer.

En definitiva, he aprendido a vivir de otra manera y a ser fiel a mí misma. Con esto no quiero decir que ya este todo perfecto y todos mis días sean fantabulosos, pero sé que gracias a este aprendizaje, podré hacer frente a las adversidades que me puedan ir apareciendo en el día a día, y que tengo las herramientas suficientes para seguir fiel a mí misma. =)

No Comments

Post a Comment