Impulsividad en las
conductas: sin control ni
frenos

Impulsividad en las
conductas: sin control ni
frenos

Pareciera que la impulsividad del “actuar sin pensar” es muy común en la vida de muchas personas, quienes reaccionan de manera poco controlada ante determinadas situaciones y dan por sentada la premeditación de sus actos. Si bien el estrés y los problemas de la vida cotidiana pueden propiciar ciertas reacciones no planificadas, cuando esta forma de actuar es constante y repetitiva puede ser reflejo de un trastorno del control de los impulsos.

Trastorno del control en los impulsos: adiós a la racionalidad

La característica básica de los trastornos del control de impulsos es la deficiencia en la inhibición de la conducta, que hace muy difícil controlar o resistir la tentación de llevar a cabo un acto perjudicial para el individuo u otras personas. En general, son actos repetitivos que no presentan racionalidad: se actúa sin planear los pasos a dar y pasando por alto las consecuencias que traerán. La persona con impulsividad es incapaz de refrenarse y procede de forma rápida o descuidada sin importar lo que le digan los demás.

La impulsividad patológica puede llegar a ser entonces fundamental en la comprensión de una gama de trastornos. Entre sus características comunes se destacan agresividad y percepción de tensión, ansiedad o nervios. El sujeto suele sentir liberación y placer pero no siempre remordimiento. Sin embargo, no todas las conductas asociadas con los trastornos del control de los impulsos presentan estos rasgos.

Con el desarrollo de las tecnologías y los nuevos estilos de vida han surgido manifestaciones de impulsividad que no presentan rasgos de agresividad, tales como la adicción al Internet y las compras compulsivas.

Hoy en día existe una mayor prevalencia de otros cuadros clínicos más serios, y esto es lamentable no sólo por los comportamientos de agresividad y violencia que conllevan, sino también por la comorbilidad y morbilidad, además de los altos costes sociales que conllevan. Entre lo más comunes se encuentran:

  • Trastornos explosivo intermitente: aparecen episodios aislados donde el individuo no puede controlar impulsos agresivos, dando lugar a violencia o destrucción de la propiedad.
  • Cleptomanía: dificultad recurrente para resistir el impulso de robar objetos que no son necesarios.
  • Piromanía: patrón de comportamiento que lleva a provocar incendios por placer, gratificación o liberación.
  • Juego patológico: comportamiento de juego desadaptado, recurrente y persistente.
  • Tricotilomanía: comportamiento recurrente de arrancarse el cabello por simple placer, gratificación o liberación de la tensión
  • Trastornos en control de impulsos no especificados: allí se ubican aquellos nuevos comportamientos como las compras, el rascado y acaparamiento compulsivo.

Impulsividad y alimentación

El principal problema para el tratamiento de los trastornos del control de los impulsos es la dificultad de definir las conductas compulsivas, ya que se trata de un conjunto de entidades capaces de entremezclarse con otros desórdenes.

En el caso de los desórdenes alimenticios, la impulsividad puede ser un factor de peso en el curso de los mismos. Es muy común, por ejemplo, que los llamados “atracones” en algunos pacientes sean consecuencia de un descontrol impulsivo, así como el empleo de conductas compensatorias como el uso de laxantes.

Los trastornos del control de los impulsos son cada vez más frecuentes pero, lamentablemente, poco estudiados. Su diagnóstico y tratamiento inadecuados pueden influir en forma negativa sobre los resultados terapéuticos de los pacientes con desórdenes de la alimentación, por lo que el correcto análisis de los desórdenes del control de los impulsos puede ayudar a esclarecer la vulnerabilidad de los pacientes con desórdenes alimenticios y, por ende, a mejorar su tratamiento.

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